Odio el futbol.




Unos pensamientos, de a gratis, a quien los quiera.

  • Que te guste el fútbol no te hace automáticamente estúpido, alienado o poca cosa. A lo más, te vuelve una persona que gusta del fútbol.
  • Odiar al fútbol no te hace automáticamente inteligente, crítico o un intelectual destacado. A lo más, te vuelve una persona que odia del fútbol.
  • La mitad de las mentes más brillantes que conozco son aficionados al fútbol. A la otra mitad de las mentes más brillantes que conozco les es indiferente ese deporte. Curiosamente, de las mentes más brillantes que conozco, ninguna odia el fútbol -lo cual no puedo asegurar que sea una tendencia, sólo es mi muestreo.
  • A muchos de los que no les gusta el fútbol, les gusta otra cosa: el tenis, la Fórmula 1, la lucha libre, o el macramé; cada quién tiene sus pinches gustos en estas cuestiones tan pinche irrelevantes.
  • Que a alguien le guste hacer chambritas o cascaritas con un envase de frutsi vacío no implica necesariamente que no le interesen otras cosas: por lo general los seres humanos somos creaturas más profundas y complejas que la caricatura que hacemos de nosotros.

Ergo: bájenle al mame. O mejor: no mamen.

La aplicabilidad de los puntos anteriores puede ser extendida a muchas otras cosas más. Por ahora, me limito al fútbol porque eso hace enojar al Pepe de 2010, já.

P.D. Creo que la única actividad a la que sí puedo odiar y oponerme con todas las fuerzas de mi ser es el toreo. Grrr.

P.D.2. Tengan tres gramitos de sentido del humor. Esta no viene al caso, pero en algún lado tenía que escribirlo.

P.D.3. No era penal

¿Qué es el #reto2014?

Hace exactamente una semana, y al decir esto no es sólo un redondeo sino exactamente las 168 horas que hay en siete días, fumé mi último cigarro.



Y cuando ya fumabas cerca de dos cajetillas diarias el vicio comienza a ser preocupante, la verdad -y cuando digo "cerca de dos" hago trampa por que fumaba Delicados y esos traen 25 cigarros por cajetilla, cuando la cajetilla se define como 20 cigarros en general.

Comienza a preocupar el asunto ese de la salú, porque tal y como sugieren las ratas fotoshopeadas de las cajetillas, el cigarro hace daño. Pero esa letanía me la sé, se la saben, y no soy yo quien venga a sermonear sobre ello. A mí me preocupaba más la lana, porque el pinche tabaco ya cuesta más que una comida de fonda y pues nomás no.

Así que ahora pueden revisar las últimas entradas de este blog, o mis últimos tuits, y entenderán mejor.

¿Qué como me siento? Mucho mejor. Hoy, con lo que ahorré de cigarros en una semana compré cosas que hace mucho quería comprar: zapatos nuevos. En cuanto a lo físico y que sólo me interesa a mí, es cierto: el cigarro quita el hambre, así que la última semana ha aumentado considerablemente mi consumo de chicles. Los chicles también ayudan a la sensación -más psicológica que fisiológica- de tener algo metido en la boca (sin albur). Pero lo peor de dejar de fumar, lo peor lo peor... después del corte (descripciones gráficas, aunque puro texto).

...

Otra forma de medir el avance y éxito del #reto2014

El #reto2014 no sólo se puede medir por horas, como he venido haciendo desde que comenzó la actividad.

Por ejemplo, este tuit de ayer:



...o mejor aún, cuando superé aquella vez que intenté lo mismo hace tres años y medio:



Lo importante es que en ambos casos, además de mi estado mental vulnerable pero optimista (más el primero que el segundo), siempre he medido la duración del reto en horas. O en momentos críticos, como este:



Sí. Ayer mordía.

Bueno, hoy también, pero menos.

Lo importante es que este reto tiene un componente de ganancia inmediata, y ese es otro de los indicadores que podría usar para medir el avance logrado. Una ganancia monetaria y tangible. 

El #reto2014 me ha redituado 322.17 pesos.


Claro, no puedo hablar de una "ganancia", más bien es un "ahorro".... pero si entro en detalles arruino la sorpresa, la cual daré a conocer cuando vuelva del viaje que tengo que hacer la próxima semana.


En fin.... ahí nomás,


Pepe


Día uno del #reto2014

Dejaré que sea El Buki quien lo diga mejor:




Eso sí, aún no tengo pensamientos ni impulsos homicidas. Y dormí del carajo. En palabras más simples:



Ahí nomás,

Pepe

Casi nadie lee ya por acá, ¿verdad?

Pues se van a perder las primicias que ni en Facebook voy a publicar. Aunque tampoco se las voy a dejar ir tan rápido (uno tiene que aparentar decencia).

Hace dos días que una idea ronda en mi cabeza, y hoy tuve el suficiente valor para ejecutarla. No dejaré constancia escrita de lo que trata (aún) y sólo un grupo selecto sabrá de esta aventurilla puesto que:
a) No quiero escarnio público si no lo logro. Al final, en palabras simples, llanas y coloquiales, es mi pinche pedo.
b) No quiero que se gafe.
c) Quiero ver cuánto tarda la gente en darse cuenta, porque sí.


So, there.

Imagen no relacionada.


Ahí nomás,


Pepe

Enésima apología de la ausencia...

Sería absurdo culpar a cierta serie de eventos desafortunados de mi ausencia por acá, aunque haya tenido un poquito que ver. Pero si alguien me conoce o me sigue por algún tiempo ya sabrá que la crisis 2013-2014 es más aguda y cabrona que la crisis 2005-2006. Claro, a la distancia veo que los episodios que marcaron el 2005/2006 resultan ridículos (y, desde un lente objetivo, lo fueron), aunque en aquellos momentos quizá me sentía igual que ahora. O peor. No es en vano que ahora crea poder sobrellevar mejor la situación: con el tiempo uno se va curtiendo en vinagre, como pata de puerco. Ahora tengo más alternativas para canalizar el enojo, la frustración, la rabia y la tristeza. Paciencia, coño, paciencia...

No tengo intención de ahondar en detalles. Al menos no ahora. Comentaba antes que terminara el 2013 que daba por cancelado el año y que no quería saber nada más. Después, llegó el 2014 y con los primeros días continuaron las desagradables sorpresas. Ahora puse mis esperanzas en el año nuevo chino. Si no funciona, siempre quedará una fecha arbitraria con la cual marcar el fin de algo y el inicio de otro algo. Potencialmente pudiera ser el inicio de la primavera (apúrate, desgraciada). 

En fin. Por razones ajenas a mis conflictos existenciales y carencias personales, decidí que este año haría un esfuerzo por publicar más esta cosa. De perdida superar las 15 tristes notas publicadas en 2013.

A ver cómo nos va.




Ahí nomás,

Pepe



¿Y eso con qué se come?

Hace un par de días asistí al poblado de Atlacholoaya, municipio de Xochitepec, Morelos, como parte del programa "ExpreCiencia Ambulante: un Chispazo Científico" del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos. El objetivo es llevar talleres que involucren algo de ciencia o tecnología a zonas marginadas y alejadas de centros urbanos grandes, así como polígonos de intervención de seguridad pública. La idea detrás es simple: promover el acceso de la población al conocimiento científico.Por mi parte, llevé algo relativamente simple: un taller de extracción de ADN de fresas con ingredientes caseros. Es el típico "truco" que se puede hacer hasta en una fiesta con tequila, y que al final termina apantallando bastante al poder ver a simple vista el ADN que aparece al final como si fuera un moco blancuzco y algo repugnante.

Cuando platico con algunos conocidos al respecto de este tipo de iniciativas, he encontrado dos categorías de respuestas ante la actividad. Primero están los que se entusiasman con el hecho de que existan este tipo de iniciativas. Por otro lado, están aquellos que muestran escepticismo ante el valor real de estas actividades. En algunas veces el franco escepticismo se vuelve en una cínica desestimación de la divulgación interactiva. "No somos payasos para andar haciendo espectáculos con globos" me han llegado a comentar. Es interesante realizar la reflexión: ¿Qué tan relevante resulta saber que la fresa tiene ADN en una comunidad dónde los habitantes sobreviven en condiciones extremas de pobreza e inseguridad?  ¿Cómo lograr que se incorporen esos conocimientos en la gente, especialmente cuando los niveles educativos están para llorar?

La segunda pregunta implica un reto para aquellos que vamos. El reto es lograr crear una actividad rápida, lo suficientemente "digerible" y "sencilla" como para que se genere una impronta. Hablar del ADN resulta problemático dada la complejidad del tema. En primera, tengo que aceptar que durante las seis horas que estuve ahí, jamás ocupé la palabra 'desoxirribonucleico". Vaya, ¿a quién coño le importa que es un ácido y que tiene  desoxirribosas? Creo que ni siquiera mencioné la existencia de la timina, la citocina, la guanina o la adenina. Creo que suficiente tenían con saber que hay una sustancia que se llama "ADN" que se encuentra en las células de los seres vivos (que son como "bolsitas con muchas cosas adentro") y que esa sustancia tiene toda la información de los seres vivos, desde las fresas hasta las personas. "En el caso de las fresas, su ADN le va a decir si va a ser grande o chiquita, si va a ser muy dulce o no, y por supuesto, el ADN le dice que tiene que ser roja" repetía, grupo tras grupo de curiosos niños que veían con asombro como el ADN "escapaba" al alcohol dentro de sus vasitos, y pronto veía como cambiaba la expresión de asombro a una de franca repugnancia cuando les decía que ellos también tenían de ese moco dentro de sus cuerpos. "Las personas también tienen ADN. El ADN tiene toda la información sobre una persona, si va a tener el pelo lacio o rizado, si sus ojos van a ser negros, verdes o cafés, si va a ser alta o baja, delgada o gordita, y hasta si van a desarrollar alguna enfermedad como el azúcar o la presión de las venas" decía, mientras una parte de mí se tragaba todos sus principios anti-deterministas. El sacrificio de la precisión con tal de que se quedara la idea básica y fundamental creo valía la pena. 

En otras palabras, de acuerdo a la audiencia y a público, acomodas tu retórica y tus expectativas. No iba a dar una clase de genética, quería que se fueran con la idea de que el ADN existe. No creo que pueda pretender más, especialmente cuando al inicio del taller les preguntaba a los chavos si habían escuchado hablar del ADN y me contestaban que si no era algo de los análisis clínicos o de la sangre (o inclusive, una enfermedad.... epidémica, ¡porque todos la tenemos!). Total, en ese sentido, lograr que se incorpore una idea depende de cómo la presentes y a qué nivel lo ocupes. No hay de otra.

Sin embargo, queda una respuesta pendiente. ¿Qué tan relevante pudiera ser que ahora sepan tantas cosas sobre el ADN? Bien, esta cuestión podría generalizarse y podemos preguntarnos: ¿qué relevancia hay en una actividad en dónde se presenta a una comunidad olvidada una serie de talleres dónde los niños y demás habitantes aprenden que si el ADN, que si la electricidad, que si los microscopios, que si el moco de king kong, que si los colores se pueden juntar para crear luz blanca, etc.? ¿Para qué tanto esfuerzo? De entrada, consideremos que muchas de estas comunidades por su propia condición casi nunca tienen acceso a actividades más allá de las fiestas patronales o el ocasional bodorrio de alguno de sus habitantes. El hecho de llevar algo es importante para darle un respiro a la gente de la rutina. En segunda, se puede argumentar que llevar conocimiento al vulgo -y realizar, propiamente dicha, la divulgación- incrementará el acervo cultural y social de esa comunidad, incluyendo la posibilidad de que tomen decisiones más informadas. Claro, para que estos dos puntos tengan mayor sentido, también deberían existir programas que lleven otras formas de cultura, quizá las que más se asocian a esa palabra de manera tradicional como eventos artísticos, y eventos deportivos: en la variedad está el gusto, y no sólo de ciencia vive el hombre. Pero este punto es harina de otro costal. 

En el caso particular de mi participación, hubo un momento muy específico durante todo el día en el cual me quedó clara la necesidad de este tipo de actividades. Al finalizar uno de los talleres y mientras llegaba el siguiente grupo de niños, un par de señoras se acercó a preguntar más al respecto:
-Oiga joven, ¿y esto se puede hacer en laboratorios?
-Claro es parte de lo que hacemos en el laboratorio- contesté, como si de verdad me dedicara (o siquiera hubiese dedicado algún día) a jugar con pipetas.
-Ah.. ¿y estos estudios pueden identificar personas, verdad?
-Sí -contesté- cada uno de nosotros tenemos un ADN específico, y con cualquier parte del cuerpo como la sangre, el cabello o la piel se puede saber de quién es -simplifiqué el asunto.
-¿Y los peritos lo hacen? ¿Y sí sirven?
-Sí, se pueden ocupar para identificar personas desaparecidas o como evidencia para algunos crímenes. Y sí, son bastante confiables dado que cada uno tenemos un ADN específico.
-Oiga, ¿y son muy caros? -inquirió la señora que dominaba la conversación, consternada.
-Depende de lo que se necesite hacer -contesté, mientras veía que la otra señora se ponía nerviosa e incomoda. -¿Por qué me pregunta?
-Es que... -vaciló la primera de las señoras, mientras la otra me daba la respuesta con su expresión corporal -es que pasó algo con un señor de aquí de la comunidad -decía la primera señora, mientras que la segunda se cubría con los brazos -y pues el perito nos quería cobrar mil pesos para hacer una de estas pruebas después hacer la denuncia y nos decía que no era muy confiable de cualquier forma.
 -Ahh no, si es por una demanda no les deberían cobrar -contesté, incrédulo y encabronado, mientras notaba que el mismo sentimiento comenzaba a surgir en mis dos interlocutoras -si se presenta una demanda la autoridad tiene la obligación de investigar y hacer las pruebas necesarias sin cobrarle. Y en este caso, suelen ser bastante confiables, casi perfectas.
-Bueno, gracias -apresuró la segunda señora, mientras jalaba a la otra para irse apresuradamente.

Y yo me quedé ahí, pensando "pinche perito corrupto" mientras decidía salir a que se me bajara el coraje. ¿Qué habrá pasado con la señora que se incomodó de tan sólo hablar del tema? Yo llegué a una hipótesis, basado en las pistas de "un señor que hizo algo" que provocaba una reacción corporal que ya he visto antes. Pero eso es lo de menos. Quizá lo que haya sucedido ya no tenga forma de ser evaluado con una prueba genética, pero al menos sí sé que al menos a esas dos señoras ya no les van a ver la cara tan fácilmente en caso que, ojalá y no, vuelva a ocurrir una situación similar.

Al final de cuentas, saber del ADN de las fresas no sirva de mucho ni cambie la vida de los niños y asistentes al evento. Por sí sólo, el espectáculo 'circense' del moco no tiene la gran relevancia. Son las aplicaciones en la vida diaria lo que pueden tener cambios positivos y tangibles los que justifican el esfuerzo. Es la aplicación de este conocimiento, y su apropiación en la resolución de los problemas del día a día los que le dan sentido.

Ahí nomás,


Pepe





Cinco años cosidos a retazos...

La mayoría de mis epifanías ocurren tras un evento que lo desencadena. Hace un par de meses hice un trámite vehicular que requería la tarjeta de circulación del coche, por lo que tuve que sacarla del coche y después olvidé ponerla de regreso en la guantera (estúpido Pepe despistado). Una semana después agarré carretera, sin tener consciencia de este detalle, hasta que vi que el coche que estaba enfrente de mí rebasó por línea continua al de adelante que resultó ser una patrulla. Tristemente para el de adelante, la patrulla se lo chingó (con debida razón) y yo tuve mi "epifanía". Verán, cuando veo una patrulla hago un recuento mental de todo lo que no debería de estar haciendo y de todo lo que debería hacer para evitar llamar su atención. Casi siempre, en carretera, es quitar la pezuña del acelerador, y ahí queda. En ciudad es poner las dos garras en el volante, o cosas así. En fin, lo que cualquier conductor hace cuando ve un perro mordelón: pasar desapercibido. Ese día, recordé que había dejado la tarjeta de circulación en mi escritorio (ahí se veía bonita, de veras) y que era un tarado olvidadizo. Así que no me quedó de otra que irme con el control de crucero (ese invento fantástico que libera tu pie del acelerador y mantiene la marcha a una velocidad constante) toda la pinche carretera. 

Hace una semana, tuve otra revelación inducida por las luces rojas y azules. En mi repaso mental de todas las cosas que debería hacer (manos sobre volante, dejar la botella, "desocupar" las manos...) y las que no debería estar haciendo, recordé que algo debía ser renovado. La licencia. Verga peluda de ocho patas con tutú de ballet, que no me vean, que no me vean- pensé. Cuando llegué a mi destino revisé mi licencia y en efecto, estaba vencida. Mientras hacía el mandado al que había salido, pensaba en paralelo cuál era la ruta más desolada por la cuál podía agarrar camino de regreso. Y ya. Terminé, regresé, y pasé dos meses sin licencia. ¿Qué chingaos tiene de interesante la chocoaventura de las licencias? Pues nada, pero las licencias duran cinco años. Y el tipo que me miraba desde la foto de la tarjetita mamona esa no era el mismo que tiene epifanías pedorras en un semáforo. Ese de la foto simplemente no era yo. Es decir, sí era yo, no es que hubiera contratado a un doble hace cinco años para que hiciera el trámite por mí (aunque no dudaría ni tantito la posibilidad de contratar a un usurpador sustituto de mi persona para ir a hacer otro tipo de trámites que no requieran una foto mía, pero ese es otro tema). Pero el Pepe que se encontraba sentado tras el volante hace una semana y que hoy escribe no es el mismo que se sentó enfrente de una cámara tras tomar un examen de circulación pendejísimo hace cinco años para sacar la licencia. No lo digo por la obvia diferencia física: hace cinco años tenía una melenita tipo Daniela Romo, una barba de chivo que parecía el pubis de actriz porno en decadencia, y un par de kilitos de más (pero sólo un par)... Pero esa es sólo la coraza, y aunque el shock se acentúa con el contraste del exterior, lo realmente relevante es el cambio radical en la ardilla que gira dentro de mi cabeza. 

Hace cinco años pensaba, decía, y hacía tantas cosas que hoy ni al caso (ni decir de hace diez años en mi último año de prepa, ho-rror); hace cinco años, venía a vomitar todas esas pendejadas a las Crónicas Desoladas de un Genómico Maldito, y claro, mantenía esta cosa actualizada (sí, disculparme por no escribir taaaaaan frecuentemente se ha vuelto un cliché monumental en mis entradas y me vale); hace cinco años tenía a muchas personas a mi alrededor que hoy me son francamente irrelevantes; hace cinco años era genómico maldito. Hoy, pienso, digo y hago de otro tipo de pendejadas, que quizá en cinco años me dé pena recordar; hoy conservo lo mejor de hace cinco años con amistades que añejan bien como vinos finos -no de los que se avinagran a los tres meses, y estoy rodeado personas distintas que me aportan otro tipo de lecciones; hoy soy medio genómico, medio maldito, y medio otras cosas que no sé que son pero me gustan (y sí, estoy conformado por tres mitades). En fin. No me extenderé. Mejor seguiré evolucionando. Como pokemón. 

Ahí nomás, 

Pepe

La ciencia es un cuadrúpedo

Estoy tomando el curso de Pensamiento Científico en Coursera, y en la clase de esta semana dieron una frase de Edgar Morin que es simplemente maravillosa. No podía dejar de venir a compartirla acá, so pretexto de actualizar un poco. Bueno, ahí va:


“La ciencia es un cuadrúpedo que camina sobre las siguientes cuatro patas: la pata del empirismo hecho de datos, experimentación u observación; la pata de la racionalidad, hecha de teorías construidas lógicamente; la pata de la verificación, siempre necesiaria; y la pata de la imaginación, porque las grandes teorías son producto de una imaginación creativa y potente. En consecuencia, la ciencia es compleja, y la produce un movimiento cuadrúpedo que la previene de solidificarse”


Bien, ahí lo tienen. Ciencia.


El sorprendente hombre.... ¿tarántula?

No les voy a mentir: soy un guarro y me gusta escribir guarradas. Por eso hace un mes se publicó esta curiosidad en el blog de Más Ciencia por México para su disfrute.

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La fantasía y la cultura popular (como las leyendas, las películas, los cuentos, los cómics y muchas otras cosas más) son generalmente pésimos para enseñar conceptos básicos de ciencia. ¿Alguna vez has visto La Guerra de las Galaxias? Resulta impresionante que las naves hagan todos esos sonidos cuando están en batalla a la mitad del espacio. Tristemente, todos los pew pew de los láseres y los pam pam de los impactos que se escuchan son… mentira. En el espacio, al no haber un medio por el cual se propaguen las ondas del sonido, simplemente es imposible escuchar algo. Tampoco hay que tomar esto como un “regaño”; George Lucas nunca tuvo la intención de enseñarnos física, su negocio es el de entretener y lo hizo muy bien. Jamás se nos ocurriría pedirles a los escritores de películas o historietas que fueran “científicamente correctos”. Si estas escenas se hicieran con este concepto básico de física, resultarían tan aburridas que nadie las vería. Sin embargo, nuestro negocio es el de aprender algo nuevo todos los días, y encontrar este tipo de inconsistencias es simplemente una oportunidad para lograrlo. Por eso vamos a analizar uno de los casos más curiosos de las “licencias” que se han tomado los creadores de historias fantásticas que simplemente no son verdad, por el mero gusto de aprender. Por ahora, olvidémonos de La Guerra de las Galaxias y empecemos a platicar de El Hombre Araña, el cuál es sólo un pretexto para platicarte datos curiosos sobre las arañas.


¿Ves esas como “patitas” negras? Esos son los pedipalpos.


Seguramente has visto como el sorprendente súper héroe es capaz de lanzar su telaraña a través de sus muñecas. En la serie original y la última franquicia de la versión hollywoodense, esto se lograba con un dispositivo; en la franquicia del 2002, nuestro súper héroe desarrolló una estructura en sus muñecas que le permitía lanzar su seda. Si nos acercáramos a una araña, podríamos ver que tienen dos estructuras como patitas más cortas que el resto de las patas, y un poco más gruesas como si tuvieran guantes. Estas estructuras se llaman pedipalpos. Sin embargo, te tengo malas noticias: los pedipalpos no son las estructuras donde las arañas producen su tela.


Anatomía de las arañas

Entonces, ¿en dónde se produce la seda que usa la araña para tejer su telaraña? Pues… en el trasero. Sí, como lo leíste. La tela de la araña se produce en su trasero. La seda de la araña se produce en unas glándulas especializadas para esa función que se encuentran ubicadas entre el ano y las gónadas. En la siguiente imagen puedes ver un esquema de la anatomía de la araña para que te des una idea de la ubicación de las glándulas de la seda.

Una representación divertida de cómo sería el Hombre Araña científicamente correcto. Gracias a SMBC.

Si al momento de ser mordido por la araña radioactiva, Peter Parker hubiera adquirido los poderes de una araña de una manera “científicamente correcta”, entonces tendría que atrapar a los criminales con una red que saliera de… sí, su trasero. ¡Qué bueno que el hombre araña no es científicamente correcto!
Ahora, hay otro detalle. Las arañas macho no tienen pene. Así que Peter Parker puede agradecer que sus súper poderes arácnidos no lo hayan vuelto un súper héroe anatómicamente en concordancia con una araña de verdad. ¿Cómo se reproducen las arañas entonces? Bien, resulta que el sistema reproductor de las arañas es un poquito más complicado que lo común. Seguramente recordarás los pedipalpos que se mencionaron al principio. Bueno, pues en la araña macho estos pedipalpos sirven para realizar la cópula. El proceso va más o menos así: primero, los machos tejen una pequeña red que después llenan con el esperma. Las arañas macho introducen el pedipalpo repetidas veces en la gota de esperma hasta que éstos han sido totalmente impregnados. Posteriormente, buscará una hembra con quien reproducirse, y una vez que haya cortejado a una, introducirá uno o ambos pedipalpos en la apertura genital de la hembra. ¿Quieres ver a un par de arañas realizando esto? Acá un video de pornografía arácnida:
Como si no tener pene no fuera suficiente, las estructuras que utilizan para fecundar a la araña hembra se rompen después del acto sexual, algo que puede serles útil a la larga. Si las arañas macho sobreviven el proceso de apareamiento sin ser comidos (una conducta más común de lo que se cree y que no es exclusiva de la viuda negra), entonces sus habilidades para el combate incrementan bastante debido a que cada pedipalpo representa aproximadamente el 9% del peso de la araña, y al no tenerlos, éstas pueden durar más tiempo defendiéndose de un ataque.


En esta imagen del cómic original (The Amazing Spider-Man #259) podemos ver como el hombre araña no lanzaba la red directamente de sus muñecas, sino que utilizaba un dispositivo que tiene que cargar con cartuchos llenos de “un fluido líquido y fresco”. ¿sera qué…?¿Pues qué era lo que estaba lanzando? ¿Acaso soy el único que ve la analogía?

Quizá sí fuera seda después de todo. Por mucho tiempo se creyó que las arañas no podían producir seda en otro lado que no fuera la glándula en su parte posterior, y técnicamente eso sigue siendo cierto. Se cree que hay algunas especies de tarántulas que posiblemente tengan lo necesario para generar seda de soporte desde sus patas que les permitan caminar y sostenerse en superficies verticales. Hace un momento dije que técnicamente era cierto que las arañas no producen seda con sus patas porque a pesar de este polémico descubrimiento, hay que recordar que las tarántulas no son arañas, sino primas muy cercanas de las arañas. Si bien las observaciones con las tarántulas siguen en disputa, quizá en algún momento se confirmen. Esto haría que eventualmente se despejen todas esas curiosas malinterpretaciones que rodean al simpático superhéroe, aunque quizá tengamos que empezar a llamarle “El Sorprendente Hombre Tarántula”.

Para saber más
Si quieres saber más sobre arañas, tarántulas, y otros bichitos como alacranes, ácaros y las arañas patonas (que tampoco son arañas), te recomiendo ampliamente leas el libro “El maravilloso mundo de los arácnidos” de Anita Hoffman, el cual forma parte de la colección “La Ciencia para todos” del Fondo de Cultura Económica y que puedes leer aquí.